Capítulo treinta y uno.
—¿Segura que tienes todo?
—Ya es la tercera vez que me lo preguntas—me reprende Chiara mientras rueda los ojos.
Emito su expresión y me quedo en la acera del aeropuerto mientras veo como arrastra su segunda maleta con fuerza una vez el taxi que nos trajo reanuda su marcha. No puedo evitar sacudir la cabeza con negación. Menos mal que decidí salir tres horas antes para poder hacer los trámites con tranquilidad, porque de ser por ella...
Me cuelgo el bolso en el hombro.
—Si te diste cuenta que ll