Capítulo treinta y dos.
No sé que diablos debería decir.
El silencio que hay entre todos incomodo menos para la mujer que tengo enfrente, que no ha desistido de su sonrisa en un solo puto segundo. Hay una gran ola de sentimientos rondando dentro de mi, no sé como debería sentirme, pero claramente no debería ser de esta forma: acorralada.
Quiero hacer miles de preguntas, saber el porqué de su regreso y como es que Max no dijo ni una sola palabra después de todas las veces que hemos hablado. No tendría que sentir descon