63.
Alba
El dolor cada vez era más insoportable. Había pedido la epidural, pero todo se estaba dando tan rápido que el anestesiólogo dijo que definitivamente no habría tiempo para que hiciera efecto.
—Nena, tú puedes —me dijo papá, sujetándome la mano—. Creo en ti, eres la mujer más valiente del jodido mundo.
—Gracias por estar aquí —le dije cuando pasó una de las contracciones—. Perdóname por traumatizarte.
Sí, me quedaba claro que para ninguno de los dos era cómodo esto. Una cosa era que me hubies