26.
Gian
Cristel me llamó, como era de esperarse, en la madrugada. Como no contesté a sus llamadas, decidió bombardearme con mensajes sobre por qué demonios me había llevado a Alba al hotel. No contesté y borré sus mensajes, como estaba acostumbrado a hacer. Y no solo era por Alba, sino porque detestaba tener pruebas en el celular de lo que hacíamos. Mejor dicho, de lo que ella hacía. Cristel estaba obsesionada con la idea de verme acostarme con sus parejas. A mí también me pareció excitante en un p