La cena fue una tortura.
Estaba sentada frente a Elena en la larga mesa de roble, con el tenedor temblando en mi mano mientras removía la pasta en el plato. Papá estaba en su sitio habitual a la cabecera, hablando animadamente sobre alguna fusión en el trabajo, completamente ajeno. Elena le sonreía con dulzura, asintiendo en los momentos adecuados, pero su pie descalzo no dejaba de subir por mi pantorrilla bajo la mesa, los dedos rozando cada vez más arriba hasta presionar con firmeza contra mi