Mi esposo me obligó a acostarme con su mejor amigo. CAPÍTULO CINCO
Al día siguiente, el timbre de la puerta sonó mientras tomaba un baño relajante en la tina. Como no esperaba a nadie, decidí ignorarlo, pero el repiqueteo se volvió persistente.
—Ya va, ya va —mascullé, poniéndome una bata de baño de felpa sin secarme con la toalla. Tenía toda la intención de regresar a mi baño.
—¿Quién es? —llamé mientras caminaba con pasos suaves hacia la puerta.
Al no recibir respuesta, la abrí con fastidio.
Bryan me dedicó una sonrisa pícara y juvenil mientras yo me quedaba