Cilia
El calor entre mis piernas latía sin piedad, un dolor profundo que ansiaba mucho más que solo mis pensamientos errantes. Recorrí la habitación con la mirada: el escritorio lleno de trastos, la ropa tirada por el suelo, la mesita de noche vacía… nada. Ni vibrador escondido, ni consolador guardado en algún cajón. Solo yo y esta necesidad abrasadora de ser llenada, follada con fuerza hasta romperme en pedazos.
Mis manos actuaron solas, subiendo por debajo de la camiseta para acunar mis pecho