Me vestí con una blusa ajustada y una falda lápiz, pero la ausencia de sujetador hacía que mis pezones rozaran contra la tela con cada paso. Llegué a Apex temprano otra vez. La oficina zumbaba con el habitual ajetreo de los lunes: impresoras funcionando, teléfonos sonando y colegas tomando café a sorbos.
Me sumergí en la revisión del presupuesto, los números se difuminaban mientras incorporaba gastos publicitarios y fondos de contingencia. Era sólido e innovador.
A media mañana, mi bandeja de e