«Llevo semanas con los ojos puestos en ti», susurró con voz ronca. «Siempre te he visto inclinándote sobre los escritorios, susurrando en la biblioteca. ¿De verdad creías que no me daría cuenta?»
No lo había pensado, pero ahora todo encajaba… la forma en que sus ojos se demoraban en mí.
«Yo… tal vez», admití, mi voz convertida en un gemido cuando pellizcó mi pezón.
Soltó una risa oscura y se arrodilló frente a mí. Sus manos tiraron de mis vaqueros, desabrochando el botón y bajando la cremalle