La tienda más allá parecía distante, voces amortiguadas y perchas tintineando como si pertenecieran a otro mundo. Aquí dentro solo estábamos nosotros, los espejos multiplicando la tensión, devolviéndola desde todos los ángulos. Abrí la boca para responder, pero las palabras no salieron de inmediato.
Me sentía expuesta, no solo por estar medio vestida, sino por la forma en que su mirada me clavaba en el sitio. Las paredes del probador parecían cerrarse, el aire volviéndose más cálido, más denso