El dolor se disparó directo a mi centro, mezclándose con el latido persistente en mi coño. Jerry no esperó… empujó hacia adelante, la punta de su polla abriéndose paso centímetro a centímetro de forma agonizante. Me mordí el labio, saboreando sangre, mientras el estiramiento quemaba, el anillo muscular cediendo a regañadientes alrededor de su grosor.
—Joder, me está apretando —gruñó Jerry, deteniéndose a mitad de camino para dejarme ajustarme o para torturarme más. El sudor perlaba mi frente, g