Sabía que había una razón por la que me sentía atraída por Johnny, porque, ¡¿qué carajo?!
Nunca me había sentido tan jodida en mi vida. Sentía las caderas como si me hubiera atropellado un autobús, pero no lo cambiaría por nada del mundo.
Su ancho pecho brillaba con sudor, o agua, no lo distinguía bien. Sus músculos de los brazos se tensaban; podía ver claramente las venas bajo sus brazos mientras me agarraba, entregándose por completo al penetrarme con toda su fuerza.
No parecía estar cerca de