Elena no sabía qué esperar de él, sobre todo en esa posición. Al fin y al cabo, era Ryan.
De pie detrás de ella, le puso la mano en la espalda y la empujó para que se inclinara sobre el cabecero. Estaba un poco más alto que sus caderas, así que tuvo que ponerse de puntillas para que no se le clavara en el estómago.
Su espalda se arqueó involuntariamente.
En el instante en que su cara tocó la cama, Elena sintió cómo los músculos de sus piernas se tensaban con fuerza. Tomó aire, intentando acomoda