Las semanas pasaron con una lentitud engañosa, dándome la falsa seguridad de que finalmente habíamos dejado atrás los días de caos. Todo lucía tranquilo en la superficie; me dedicaba en cuerpo y alma a la presidencia de la constructora, logrando avances impresionantes en Chicago y Nueva York, con Nikolái como mi apoyo incondicional y estratega en las sombras.
Sin embargo, Katia no dejó de insistir ni un solo día de su miserable existencia; no hubo momento en el que ella no intentara acercarse a