El latido de mi corazón retumbaba en mis oídos como un tambor de guerra, mientras intentaba procesar lo que acababa de suceder.
Nikolái se incorporó lentamente, pasando el dorso de su mano por su rostro, arrastrando los restos de mi entrega absoluta con una naturalidad que me hizo querer desaparecer bajo las mantas.
La vergüenza subió por mi cuello, quemándome las mejillas hasta que sentí que el calor era insoportable.
—Perdóname, Nikolái, de verdad no sé qué decirte —balbuceé, ocultando mi c