Isabella
La yegua torda cambió sus cuartos traseros bajo el estrecho cobertizo. Los anillos de hierro de su halda sonaron contra el poste de pino con un tintineo rítmico y metálico.
Brandon metió la mano en la oscuridad del cajón de forraje, y su gran hombro bloqueó la poca luz gris que se filtraba a través de las tablillas agrietadas de la pared de madera. Sus dedos salieron con una pequeña bolsa de lona que olía a grasa de caballo y a sebo viejo, con las cuerdas anudadas dos veces alrededor