Mundo de ficçãoIniciar sessãoIsabella
La boca de la cueva apareció entre dos losas de piedra caliza muerta, medio oculta por zarzas negras que goteaban agua helada sobre mi cuello. Tiré de la manga de Freya para hacerla agacharse, arrastrando mis propias botas a través de la estrecha entrada donde la roca se inclinaba hacia abajo abruptamente. El suelo de la galería olía a piedra vieja y a excrementos de tejón, un aire frío







