Gideon
El silencio de la enfermería real siempre ha sido diferente al del resto de la fortaleza. Aquí, el aire no transporta el estruendo de los banquetes ni el eco marcial de los entrenamientos en los patios de armas; es un espacio gobernado por el olor acre de las tinturas de belladona, el siseo del agua hirviendo con raíces de sauce y, con demasiada frecuencia, el aroma dulzón y pesado que precede al paso de la muerte.
Sin embargo, en mis cuarenta años como sanador principal de la línea del