Isabella
El olor a metal caliente y azufre que Pedro trajo consigo desde el laboratorio de purga no se desvaneció al cruzar el umbral de la enfermería. Al contrario, pareció condensarse bajo el techo bajo de piedra, mezclándose con el aroma a lavanda y alcohol de madera que yo había usado para limpiar las sábanas de Eric. Era una mezcla hostil, un recordatorio físico de que la violencia de la supervivencia externa acababa de invadir el único santuario que me quedaba.
Gideon entró arrastrando un