Pedro
El lazo de apareamiento entre Isabella y yo no era lo único que vibraba en el silencio sofocante de la enfermería; ahora, el canal que me unía a la aguja de plata en mi brazo izquierdo era un río vivo de mi propia Esencia. Podía sentir cada pulsación de mi corazón empujando mi fuerza vital a través del tubo de tripa de oveja, directo al frágil sistema de Eric. El calor de mi sangre, purificada por el tormento de la raíz de fuego, viajaba hacia él cargado de la impronta de mi lobo.
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