Anciano Corin
A mis sesenta y ocho inviernos, he aprendido que el olor más peligroso en una sala de consejo no es el de la traición, sino el del miedo.
Y esta mañana, en la gran cámara de piedra de la fortaleza de los Genaro, el miedo era tan denso que casi eclipsaba el aroma a cera de abejas y pergamino viejo.
La mesa de roble negro, marcada por los anillos de copas de vino de gobernantes que ya eran polvo, parecía demasiado grande para nosotros.
El comité reformado de los ancianos era apenas