Una sombra.
Isabella Taylor
Me odio un poco cada vez que lo miro.
No porque él haga algo malo o me diga algo ofensivo. Menos porque me haya dado razones para odiarlo. Me odio porque sigo cayendo en la trampa que mi mente fabrica: imaginarlo como algo más que mi jefe, como algo más que una figura lejana e inalcanzable.
Sé que no tiene sentido, Sé que es hasta ridículo. Pero eso no detiene a mi corazón.
Menos mal, no todos los días, al menos deja de fantasear con él cuando debo concentrarme.