Lindsey al ver sus zafiros brillar de conmoción, su espíritu se sacudió, muchas noches lloro por él y extraño cada sensación vivida a su lado, en su mente apareció su abuela.
—¡Kyle! Como pretendes que me mude contigo de la noche a la mañana, además está mi abuela, no la puedo dejar sola en esa mansión.
Él se levantó con ella y la tomó de las manos.
—Lin, tu abuela se puede mudar con nosotros, vamos a necesitar ayuda, ya son 5 niños que tenemos que proteger —una mueca de satisfacción se dibujó