Los niños le contaban a Kyle sus aventuras en Florencia, Luna era una parlanchina, que no paraba de hablar.
Transcurrieron unos minutos cuando entraron a la estancia dos niños alegres de unos 10 años, diciendo en unísono.
—¡Buenas tardes!
Los ojitos de cada niño se posaron en la rubia, sentaba en el sofá, ellos se miraron y sonrieron, luego salieron corriendo abrazarla.
Lindsey no reconoció a los niños y se sobresaltó al sentir el cálido abrazo de cada uno, el cual aceptó gustosa mientras mirab