Al marcharse, sus pasos dejaron huellas profundas en la tierra blanda como una metáfora demasiado clara del peso que cargaba. Seth observó cómo Deimos se llevaba instintivamente una mano al antebrazo justo donde llevaba una cicatriz que Seth no supo cómo la había sanado bien por su apariencia tan profunda. Una herida que Mia había sanado en otro tiempo, en otra vida. El silencio que quedó en el lugar no era de tregua, sino de algo más complejo, el reconocimiento mutuo de que, en esta guerra, qu