La alcoba que solía ser de Magnus seguía cargada de tensión, como si el aire mismo se resistiera a moverse. El débil resplandor de las antorchas hacía que las sombras bailaran alrededor del cuerpo de Seth, que yacía inerte en la cama que por generaciones fue de sus antepasados, y de su abuelo Magnus, cuyo legado ahora se sentía más pesado que nunca. Mia permanecía al lado de Seth, con sus manos todavía en contacto con las de él, mientras su mente trabajaba frenéticamente en posibles formas de s