Mia entró en la sala de bebés con pasos cautelosos, como si el aire mismo estuviera cargado de tensión. La luz tenue del lugar iluminaba los rostros de los pequeños, pero su atención se centró en Deimos, quien sostenía a Ayla con una gran delicadeza que parecía impropia de él. Era una imagen demasiado cómica: el hombre que había sido tan frío en la reunión que recién habían terminado, ahora parecía casi paternal, como si la pequeña hubiera logrado desarmar sus barreras más impenetrables.
—¿No t