Mia respiró profundamente antes de entrar en la sala. Las voces de Lukas y Deimos ya resonaban desde el otro lado de la puerta, cada palabra que salía de sus bocas estaba cargada de frustración. Alanys se mantenía en silencio, pero su desaprobación era evidente; estaba sentada con los brazos cruzados y el ceño fruncido, irradiando desapego. Era una batalla cuesta arriba, y Mia lo sabía. Pero Alhena, su loba, rugía en su interior con una convicción que no podía ignorar, con una voz firme que le