LA CRIATURA DEL UMBRAL
El tentáculo que emergió de la puerta negra era más grueso que el mástil de un barco, su superficie cubierta de ventosas palpitantes que se abrían y cerraban como bocas hambrientas. Un hedor a pescado podrido y azufre inundó la playa, haciendo retroceder hasta a los soldados más veteranos.
Mia desenvainó el puñal lunar, sintiendo cómo el metal helado se pegaba a su piel.
—¡Atrás! —Ordenó, pero su voz se perdió en el estruendo de la ola que se estrelló contra la costa.