La luz de la luna bañaba las calles de Velkan con su resplandor plateado, revelando los cuerpos inconscientes de los habitantes que, hasta hace unos minutos, habían sido arrastrados por el caos. Seth respiraba con el cansancio de la batalla internaba que había enfrentado. Mia salió de la catedral con pasos firmes, sintiendo el eco de su propio poder aun vibrando dentro de ella. Pero lo que más pesaba sobre sus hombros no era la batalla que acababa de enfrentar, sino el hombre que sostenía a su