El abismo del infierno se extendía más allá de la percepción mortal, era un océano de sombras en constante movimiento, una estructura sin límites donde el tiempo no tenía significado. No había luz, no había esperanza. Solo el rugido de los condenados, el crujido de los huesos de antiguos dioses olvidados, y el aliento sofocante de criaturas que no debían existir.
En el corazón de este vacío, Aamon observaba.
Su silueta era más que una presencia física, era una manifestación de poder puro, una s