El golpe no llegó de inmediato. Al principio, seguí con mi vida como si nada. O al menos lo intenté. Me repetía que todo seguía igual, que no importaba lo que ese maldito mecánico hubiera dicho, porque yo seguía siendo el mismo de siempre. Pero la mentira no duró mucho.
Empezó con cosas pequeñas. Reacciones más bruscas de lo normal, noches en las que el sueño no llegaba y la necesidad de pelear como si eso pudiera hacerme olvidar. No funcionaba. Así que empecé a beber más. Al principio, solo un