SEBASTIÁN
Estaba revisando documentos en mi oficina cuando de repente sonó mi teléfono, y algo en el momento en que sonó me oprimió el pecho incluso antes de contestar. En el instante en que descolgué y escuché la voz al otro lado de la línea, sentí una extraña sensación de pavor, como si ya supiera que algo andaba mal.
—¿Señor González? —dijo la voz con tono serio—. Somos la policía y le llamamos para informarle que sus padres, el señor Elton González y la señora Amelia González, se encuentran