SEBASTIÁN
Estaba junto a las camas de hospital de mis padres, intentando calmar mis pensamientos tras todo lo sucedido, pero mi mente se negaba a tranquilizarse y las preguntas seguían rondando sin respuesta. La habitación estaba en silencio, pero el silencio era denso y no podía quitarme de la cabeza la sensación de que algo no andaba bien.
Antes de que pudiera pensar más, mi teléfono sonó de repente y el sonido agudo rompió la tensión de la habitación, haciéndome fruncir el ceño al instante.