CAPÍTULO DIECISIETE: UN PECADO MÁS
Cuando finalmente Yahir se sintió seguro en su espacio, fue capaz de dejar salir todo lo que estaba sintiendo, quitándose la corbata de un solo movimiento y tirando el saco en la cama con tanta fuerza, Rodrigo se pudo dar cuenta de lo que él estaba sintiendo.
—No puedo creer que te dejes tratar así por mi abuelo —dijo Yahir molesto.
Rodrigo sonrió. —Si yo no estoy molesto, ¿por qué deberías de estarlo tú?
— ¿En verdad me preguntas eso? Rodrigo, mi abuelo es u