Muy enojado, Ares sale de la sala de seguridad y se dirige a su oficina. Debe pensar con cabeza fría que hacer. No podía creer como una persona que hasta hace una semana se convertiría en monja para servir a Dios, pudo haber hecho semejante atrocidad.
Rápidamente, entra a su oficina, sin siquiera saludar a Lina, que lo llama varias veces para entregarle la pequeña caja que le dejó Aurora.
La chica ve a su jefe enojado, y sabe que no debería molestarlo, pero su curiosidad la incitó a