-Bien, Ashven -Dijo la mujer con la misma naturalidad con la que alguien ofrece agua. -Mi grupo y yo vamos camino al Norte. Pararemos en el próximo pueblo. ¿Quieres venir con nosotros?
La pregunta quedó flotando en el aire.
Hace apenas unos minutos estaba huyendo. Corriendo con el pulso desbocado, convencido de que lo seguirían para encerrarlo, golpearlo o entregarlo. Y ahora… ¿Pretendía que la siguiera?
Ashven frunció el ceño, desconfiado hasta más no poder, no le importaba que fuera alguien