Lucciano llevó a Luggina al mirador.
Le tenía otra sorpresa de esas que a ella le gustaban.
— ¿A dónde vamos? Preguntó con curiosidad.
— Es otra sorpresa que te tengo mi pequeña bruja. — Respondió mientras deslizaba su mano por las piernas de Luggina hasta llegar a esa entrepierna húmeda, y sin bragas. Acarició su entrada e introdujo un dedo muy despacio.
Luggina abrió sus piernas para dar más acceso a esa mano traviesa, y un gemido salió de ella.
— Lucciano. — Susurró Luggina.
Lucciano mordió