Luggina llegó nuevamente a casa con una gabardina cubriendo la malla que llevaba puesta en su cuerpo.
Como es costumbre de llegar y meterse a la cama como está.
Al día siguiente la nana Zuria, como cada mañana la levanta.
— Hija,ya es hora, Por favor. Ya levántate se hace tarde te esperan para el desayuno.
— Nana, cinco minutos más por favor.
— Yo te daría el día entero. Hija no veo la necesidad de hacer esto. Vive tu vida de forma normal. Mírate, trasnochada como una condenada solo ¿para que?