ISABELLA
—Ho…la… —tartamudeé, mirando a los ojos verdes maquillados con un ahumado elegante.
La mujer parada frente a mí tenía un aura de superioridad que me hacía sentir como un insecto.
—Creo que eso confirma que estoy frente a la Serafina Savannah Olivan —aseguró, mirándome con lentitud.
La verdad, no sabía cómo interpretar su escrutinio.
Aunque no se veía hostil, había cierta tensión en la manera en que me evaluaba.
Como si estuviese siendo juzgada bajo una lupa.
—Ese es mi nombre… ¿y usted es? —pregunté con una corazonada, haciéndome saltar el corazón.
—Soy la madre del príncipe Aurelius, la Reina Alondra, y solo tenía curiosidad por sus candidatas a Serafina —respondió con una sonrisa delicada.
—Su…su majestad… —bajé la mirada con respeto, sudando frío y con un leve temblor en las manos.
Esto no era bueno.
Miles de ideas colisionaban en mi mente aturdida.
—No tengas miedo, no estoy aquí para hacerte daño —me dijo de repente.
Noté que se acercó un poco más.
Mi visión daba a lo