18. TÚ NO ERES MI DUEÑO
ISABELLA
Su chaqueta, mega estrujada, parecía sacada de un pomito de medicina.
Ojos avellana y una ceja rojiza alzada, me observaban al final de los casilleros.
Solté un suspiro de alivio que resonó en las paredes.
—Te… traje tu ropa — Harper me habló con voz neutra y sin juzgar.
Ya me caía bien esta Alfa.
—Gracias —murmuré incorporándome e intentando relajarme.
Ella caminó hacia mí y extendió el bolso deportivo que había dejado en el banco.
Lo tomé llena de agradecimiento por no tener que sali