—Te llevaré —ofreció con gentileza.
—No. —Ella levantó la mano—. Iré sola. Necesitas estar aquí en caso de que vengan más pacientes, ¿verdad? —retrocedió, poniendo distancia entre los dos—. Hablaremos más tarde. Si ves a Selena… —Se detuvo y lo miró fijamente.
Él sonrió a medias.
—Le diré que estás aquí, para que pueda empezar a cocinar. —Casi tenía la puerta cerrada cuando le preguntó—: Angeline , ¿cuánto tiempo te vas a quedar?
Ella dudó.
—Un par de días, como mucho. —Por su reacción a