A los pocos minutos de entrar a la casa de la familia Benui, Angeline escapó a la sala de música. El ama de llaves estaba haciendo café, Philip hablaba en voz baja a su madre y a su hermana menor como si ella fuera una delicada inválida, aunque la verdad era que se sentía exhausta. Sin embargo, al ver su piano, con su extravagante marquetería de flores y hojas de nogal, sonrió y sintió cómo se aflojaba la estrecha banda que rodeaba su corazón.
Cuando tenía diez años, Angeline había oído ruidos