Olivia no podía dejar de llorar. Las lágrimas caían sin control mientras Noah recorría los pasillos de la clínica completamente fuera de sí, abriendo puertas, revisando cada habitación y deteniendo a cualquiera que le pareciera sospechoso. Su respiración era agitada, el corazón le golpeaba con tanta fuerza que apenas podía pensar. El pequeño Oliver había desaparecido apenas unos minutos después de nacer y aquella sola idea lo estaba consumiendo por dentro.
—¡Cierren todas las salidas! ¡Que nadi