Pero cuando incluso quiero mirarlo para contestarle, se que se ha dado por vencido con sus palabras alentadoras para una joven terca que no puede aceptar recibir un consejo. Así que lo único que decide decir es:
—Renuncia, Gabriel. Ya no trabajo más para Kim.
Entonces me mira, cerrando el libro de golpe y así, finalmente tengo toda su atención.
—Sólo quería follar conmigo y no quería algo más. Yo deseaba algo más—continuo, evadiendo las ganas de llorar porque me irrita no poder hablar llorando.