Las manos de Oliver recorrieron la piel de Brianda. La sentía como propia y la mimaba en cada caricia que le proporcionaba.
Los suaves gemidos fueron naciendo del contacto del calor de ambos cuerpos, los besos cada vez eran más y más intensos y la pasión los embriagó por completo.
Brianda decidió no pensar esa noche y sólo sentir. Sentir el amor.
¿A quién quería engañar? Oliver era el amor de su vida.
Su piel se erizaba al paso de los labios de Oliver, quien fue trazando un camino de besos desd