En aquel pasillo sonó la vibración de un teléfono. Era el de Shara, quien se encontraba haciendo la limpieza de las habitaciones de invitados.
Aquella mañana su día no podría haber empezado peor: La pequeña Milagros, su esperanza para recuperar su antiguo puesto, se había negado a que ella la vistiera e hiciera el desayuno.
Shara trató de engatusar a la pequeña, prometiéndole dejarla comer algunos helados, pero Rosi apareció y se llevó a la niña antes de que pudiera terminar de convencerla.
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