Mundo ficciónIniciar sesiónBrianda era una chica normal, marcada por el pasado. Un accidente cambió su vida. No solo perdió sus recuerdos, sino algo más grande, de lo que ella no es consciente... Pero un buen día, como por arte de magia, Oliver Anderson aparece en su vida para cambiar todo su mundo en un simple parpadeo... Con lo que Brianda no contaba es con que Oliver ya había sido parte de su vida una vez...
Leer más—¿Por qué eres tan terco Luca? —él miraba a su madre enojado, harto del mismo tema.
—Ya te he dicho mil veces que no me interesa, ¿porque no lo entiendes tú de una vez por todas?
—Cariño, quiero lo mejor para ti, yo prometo estar para ti siempre, tus hermanos, tu padre, Leticia y yo te apoyaremos. — Luca rió sarcástico, él sabía que su familia si lo quería, pero Leticia, era una m*****a mentirosa e interesada en su dinero, él lo sabía, pero aún así no la alejaba, tenía un buen sexo con ella, aunque siempre lo hacían a oscuras y nunca lo besaba, él por su lado no le importaba, solo satisfacer su necesidad.
—Mamá, por favor, te lo he repetido por 10 largos años no pienso operarme, me da igual ser cómo soy.
—No mientas Luca, ¿acaso crees que soy tonta? ¿Crees que no me he dado cuenta de las veces que te ves al espejo y lloras por no ser como eras? ¿O de las miles de mujeres que te ven con desprecio y tú te haces el fuerte, cuando por dentro sufres? Si en verdad te sintieras feliz contigo mismo te juro no te molestaría con la operación, pero no es así y como madre quiero verte feliz.
Luca se sintió derrotado, su madre lo conocía muy bien, estaba cansado de todo, ya no quería saber nada de nadie, quería desaparecer y olvidarse de todo, quería borrar ese maldito episodio donde su vida había cambiado. Él había sido un joven apuesto, risueño, pero cuando tenía 16 años un borracho lo atropelló, lanzandolo junto a un gran ventanal de una tienda a 100 metros de distancia, fue una época difícil para él, ya que estuvo apunto de morir, varios vidrios quedaron incrustados en sus piernas, gracias a eso estuvo un año en recuperación para poder caminar de nuevo, en los brazos, pero la mayoría fue en el rostro, un rostro que no volvió hacer el mismo, un rostro que quedó marcado horriblemente, pero había pasado por tanto y estuvo apunto de morir, que tenía miedo a una operación, prefería vivir feo y solo, a no vivir, amaba como el sol calentaba su piel por las mañanas, oír la lluvia caer y golpear la ventana, ese olor a tierra mojada, la brisa fresca en un día de verano, él simplemente amaba vivir, y agradece cada momento, aunque quisiera ser feliz y pleno de todo no podía, él sabía que a pesar de querer aparentar ser fuerte era muy sensible y odiaba ver como la gente lo rechazaba o lo miraba con asco, por el siemple hecho no tener un rostro normal, sin marcas.
—Mamá, sabes que te amo, pero ya no insistas, te lo pido, no pienso operarme ni ahora ni nunca, te prometo que haré el mayor de mis esfuerzos por no dejarme vencer y no dejarme llevar lo que dice la gente, se que quieres lo mejor para mí, y esto no lo es, por favor entiendeme, te lo suplico.
Gabriella suspiró, debía de entenderlo, ¿quién si no?, decidió dejar el tema por la paz, si él no quería no podía obligarlo, debía apoyarlo y no dejar que nadie lo humillara o lo hiciera sentir inferior, Luca era único y no por su accidente en el rostro si no por lo luchador que era, si él quería vivir así lo haría, algún día él encontraría su felicidad completa y ella sería feliz también.
—Está bien cariño, lo que tú digas. Ahora quiero pedirte un gran favor. —Luca suspiró aliviado, al parecer su madre al fin había entendido.
—¿Que favor madre?
—¿Te recuerdas que te hable que la hija de mi mejor amiga Marta que vive en Chicago desde hace 20 años?. —Luca asintió. —Pues bien ella es graduada en finanzas, tiene 23 años, Marta quiere que April regrese, pero para eso necesita que ella encuentre un trabajo mejor del que tiene, ¿crees que puedas ofrecerle algo mejor para que regrese?
—Mamá — empezó a decir Luca...
—Lo sé, sé lo que me vas a decir, y no es que ella quiere meterse en la vida de su hija, es sólo que le hace falta, Luca ve a su hija una vez al año. Está sola, sólo quiere a su hija cerca, yo haría lo mismo si no pudiera estar con ninguno de ustedes. —Bennett suspiró.
—Está bien mamá, veremos que puedo hacer para que la hija de esa señora trabaje conmigo. —Gabriella sonrió feliz.
—Gracias hijo, te lo agradezco, ahora me voy, te dejo trabajar.
Luca se despidió de su madre y siguió trabajando....
En aquel pasillo sonó la vibración de un teléfono. Era el de Shara, quien se encontraba haciendo la limpieza de las habitaciones de invitados.Aquella mañana su día no podría haber empezado peor: La pequeña Milagros, su esperanza para recuperar su antiguo puesto, se había negado a que ella la vistiera e hiciera el desayuno. Shara trató de engatusar a la pequeña, prometiéndole dejarla comer algunos helados, pero Rosi apareció y se llevó a la niña antes de que pudiera terminar de convencerla.Poco después, trató de sentarse a desayunar con sus jefes, como hacía antes, pero rápidamente la señora Petra la había sacado del lugar. Esto sólo le hizo acumular más odio contra la madre de Oliver.Luego fue a exponer sus quejas a Brianda, pero Oliver no le dejó acceder a la habitación matrimonial y su jefa terminó por irse sin que ella pudiera hablarle.Sacó el teléfono de su mandil blanco y automáticamente las comisuras de sus labios de curvaron, dejando ver una sonrisa en sus labios. Llevaba
-Brianda, hazme caso, sé lo que te estoy diciendo, esta mujer es peligrosa y puede hacerte mucho daño -la voz preocupada de la señora Petra inundaba el despacho de Brianda.La chica miraba pensativa a su suegra. Si bien sabía que podía confiar en ella, también sabía que no quería involucrar a más gente en este complicado tema de Shara.Brianda tomó una gran bocanada de aire, tratando de darse ánimo, para poder responder sin mencionar el problema directamente.-Yo... Sé que, tal vez, podrías tener razón, y te prometo ir con cuidado y tener en cuenta tus palabras, Petra. Pero Shara no es cualquier persona, es quien me ha criado por años y quien estuvo a mi lado cuando perdí la memoria. Simplemente no puedo prescindir de ella. -Brianda se sintió culpable inmediatamente después de decir esto.Fue muy convincente, ya que su suegra la miró con desaprobación al instante.No hubo más palabras, solo ese cruce de miradas.Pronto unos golpes sonaron en la puerta y cuando Brianda dio paso, Rosi
Los fuertes pasos resonaban por aquel largo pasillo.Shara iba andando, pero pisaba con toda la rabia que se guardaba dentro. No conseguía entender en qué momento dejó de tener todo bajo control con Brianda. Pero no tenía dudas, sabía que todo era culpa de Oliver Anderson.Desde el principio todo fue culpa de él.Recordó cómo Brianda era una niña a la cual ella dominaba perfectamente cuando tenía cinco años. Todo era perfecto, era una niña educada y bien portada. No era una niña que llorase o hiciera berrinches, todo lo contrario; era silenciosa, se entretenía con cualquier juego y nunca dio problemas de alimentación o sueño.Shara envidiaba a su jefa por haber logrado adoptar a una niña tan hermosa y buena, así como por tener por esposo a un hombre tan importante y sobre todo rico.La mujer no veía justo que su señora tuviera una vida cómoda, plena y feliz, mientras que ella, en aquel entonces, no era más que una simple niñera.Un buen día, su jefe le informó de que los niños, Bria
Brianda consoló a su pequeña hija, prometiéndole comprar un vestido nuevo mejor que aquel que fue destruido misteriosamente.No podía explicar por qué, pero tenía la corazonada de que había sido Shara quien lo había roto mientras todos dormían, destrozando así la ilusión de su hija. Y esto la molestaba aún más, pues para ella su hija era intocable.Oliver también estaba pensativo. Al igual que su esposa, no hizo ningún comentario frente a la niña, pero también tenía el pensamiento de que Shara era la responsable de aquel momento tan horrible para su pequeña.Por si fuera poco, la ama de llaves no perdía tiempo en desprestigiarle frente a su mujer, su hija, su cuñado y el resto de empleados.Si bien Brianda lo defendía, la situación comenzaba a molestarle seriamente.-Llama a Rosi -la voz de Brianda le sacó de sus pensamientos.-¿Qué?, ¿Se te olvida todo lo que pasaste con ella? -Oliver no daba crédito a las palabras de su esposa.-No, créeme que no. Pero ahora mismo necesito alguien q
Brianda y Oliver se fueron a dormir después de aquella reunión en el despacho y la toma de decisiones de ambos. Ella sentía una extraña sensación en el pecho, pero prefirió no decirle nada a Oliver para evitar ponerle de peor humor tras lo sucedido un rato antes. Él estaba molesto y tenía toda la razón del mundo.Se sentía como una tonta por haber creído ciegamente en Shara. Pero también había un halo de decepción en cuanto a ella, ya que Brianda realmente creyó en el cariño de su ama de llaves hacia ella.Se dejó caer suavemente en la cama y, mirando al techo, dejó escapar un suspiro que para Oliver no pasó desapercibido, pero no quiso echar más leña al fuego.Él mejor que nadie sabía cómo se sentía su mujer.Cuando él descubrió que su madre era quien movía los hilos para que Daniel se acercase cada vez más a Brianda, sintió tanto dolor que perdió toda la confianza y fe tanto en Daniel como en su madre.Aunque él creía que su mejor amigo ya no estaría enamorado de su mujer después d
Brianda observó la escena, sorprendida. Por más que se esforzaba, no entendía nada. Llevó su vista de Oliver a Juan Antonio de forma intermitente, esperando tener alguna señal que la hiciera entender qué se suponía que era todo aquel "show" de Raquel y a esas horas de la noche. Pero no obtuvo nada.-Bien, creo que es mejor dejar que ellos hablen -espetó Juan Antonio mirando a Shara- A solas, Shara.Ésta, en lugar de irse, se mantuvo al lado de Brianda, tratando de confundirla más.-Niña, no le haga caso, ellos sólo quieren engañarla, este hombre -señaló a Oliver- sólo quiere de usted su fortuna y arrebatarle a Milagros -por mucho que trató de disimular su voz, Shara no pudo esconder lo mucho que detestaba a Oliver.-¡Basta!, ¡Ni una palabra más, Shara!... Como bien dice mi hermano, esto es un problema entre mi marido y yo, y antes de que abras la boca, te advierto que si dices una sola palabra más en contra de mi marido, quedarás despedida sin contemplaciones. -Brianda gritó, paraliz





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