Brianda despertó a las cinco de la mañana por el ruido incesante de la vibración del teléfono móvil sobre su mesilla de noche. En un primer momento ella creyó que era su teléfono, pero después vio que no podía estar más equivocada.
Era el teléfono de Oliver y la llamada no podía ser más desafortunada: Raquel.
Había hecho otras dieciocho llamadas, pero, dado que tanto Oliver como Brianda habían quedado exaustos por su noche de pasión, él no lo había escuchado vibrar en la mesilla antes ni ella