Lucius Holdings.
Los dos días de plazo se cumplieron con demasiada rapidez.
Como si el tiempo, ese maldito caprichoso, hubiera decidido acelerarse justo cuando más necesitaba que se detuviera. Las manecillas del reloj habían bailado sin piedad, marcando cada hora, cada minuto, cada segundo que nos separaba del momento en que nuestros caminos se dividirían.
Y como una sentencia de la que no se puede escapar, el día por fin había llegado.
Me encontraba de pie en el despacho operativo, con las